enfoques sociológicos

                 Enfoque Marxista: Del pensamiento de Marx acerca de la educación

La educación puede ser un vehículo para el desarrollo humano y social la educación tiene la función de garantizar que los individuos y sus organizaciones se integren al conjunto social, que asimilen los saberes y la cultura necesaria para desenvolverse en su medio, acorde al orden establecido. Por otro lado, puede proveer de las herramientas intelectuales y prácticas para desarrollar nuevas visiones, crear y promover el cambio. De ahí su posible carácter dual: conservadora y revolucionaria.  

el proceso educativo no significa nada; existe y se da siempre en relación y en contexto; natural, si se quiere pensar en la sobrevivencia; o social, sobre todo social en las sociedades actuales. En este sentido, la educación no es neutral, no está desprovista de intenciones ni aislada de los sistemas de creencias construidos en interacción social, Cuando se trata de la educación como prácticas instituidas o como sistema educativo, su función se enlaza con la dimensión política, en tanto que en los programas educativos se impone una visión de sociedad, de aquella que se quiere conservar o hacia la que se pretende transitar.

 Hablar de educación como la panacea del desarrollo sin una mirada crítica y sin situarla histórica y políticamente, es hablar sin sentido. El propósito de estas páginas es, en primer lugar, revisar estas ideas de Marx en torno a la educación y al sistema escolar, y en segundo, abordar los planteamientos teóricos que se derivaron a partir de dichas aportaciones.

           

                                                                               

                                         

La educación como medio garante del modelo social 

Marx observa que si bien para la pequeña burguesía puede resultar una molestia, sobre todo por las consecuencias fiscales, la burguesía progresista sabe que es una inversión, en tanto que se educa para promover los valores y saberes necesarios que garanticen la asimilación del orden La burguesía progresista calcula que este gasto –ciertamente indeseable, pero inevitable para convertirse en un ‘gran poder’– se vería compensado en gran medida por el aumento de las ganancias. No obstante, en el caso de la instrucción inglesa, se da cuenta de la ceguera de la burguesía británica al no cuidar la enseñanza de la moral propia de la burguesía, propia del modelo capitalista, y dejar que la religión se entrometiera en las escuelas,  que los principios básicos de la convivencia humana fueran “expuestos en forma de dogmas inextricablemente vinculados a la religión”, lo que la vuelve oscura y extraña para el obrero. Califica a la burguesía de ese tiempo como implacable.

Los burgueses británicos, dice Marx, con mayor visión de negocios que los alemanes, concedieron “a regañadientes” compartir el poder con la clase obrera e incluir en su legislación las peticiones hechas del movimiento cartista en 1838. Pero ante el riesgo de que el pueblo se levante y reclame sus derechos, siendo bien instruido, la enseñanza de la religión actúa como contención ideológica. En este tenor, la escuela en general no solo puede ser instrumento para fortalecer un orden enfocado en la moral y saberes necesarios para el desarrollo, sino como aparato opresor cuando se requiere controlar y contener las ideas. 

                               

                     

La influencia de Marx en enfoques posteriores críticos de la educación

ellas se cuestionan las posturas funcionalistas en el sentido de que, en éstas, no se pone en tela de duda la función reproductora de un sistema de desiguales relaciones económicas, políticas y culturales; la teoría crítica “desnuda a la escuela de su inocencia”, mientras que las posiciones tradicionales la cubren con un manto de inocencia y falsa neutralidad ,el proceso de socialización escolar se observa como un vehículo de reproducción económica y cultural, como un proceso mediador entre prácticas sociales y creencias culturales para mantener la hegemonía de una estructura dada de poder 

1. Descubrimiento de la función reproductora de la escuela en el nivel ideológico y de división social del trabajo. 

2. Arbitrariedad cultural que inculca la escuela y la influencia del rendimiento diferencial ante ella. 

3.  Falsa autonomía de la escuela. 

4. La escuela como consecuencia y no como causa de la división social. 

5.  Significado social de la funcionalidad de la escuela capitalista. 

6. Crítica de la creencia en dones naturales, a la concepción de capacidades del niño como algo        preestablecido e inmutable.  

 

                                  El funcionalismo

 En la sociología el “funcionalismo” abarca una gran variedad de autores y escuelas, que no obstante suelen compartir ciertos presupuestos esenciales. En primer lugar explican la persistencia de las prácticas sociales haciendo referencia a efectos (con frecuencia no deseados) que son beneficiosos para el equilibrio o la integración del sistema social en el que se encuadran dichas prácticas. En segundo lugar, el funcionalismo reconstruye el concepto de racionalidad: presupone que en ciertas prácticas aparentemente irracionales pueden ser inteligibles cuando se captan sus funciones sociales,  el funcionalismo utiliza el concepto de requisitos funcionales. El argumento suele ser que tales requisitos han de cumplirse para que sobreviva una sociedad determinada o, de forma alternativa, que ésta funcione de manera que esas necesidades tiendan a satisfacerse.

El funcionalismo coincide, por ejemplo, con la inclinación del positivismo a no hacer referencia a entidades a las que no se puede acceder directamente mediante la observación. El funcionalismo era aún más compatible con los rasgos principales del estructuralismo, otra importante corriente teórica del momento. Ambas participan de una idea totalizadora de la sociedad en la que es crucial la interrelación entre subsistemas y prácticas.




                                       El primer funcionalismo 

El  funcionalismo como escuela independiente no aparece sino hasta el siglo XX, pero el inter cruzamiento funcionalista, en sí, es mucho más antiguo. Muchos de los llamados “padres de la sociología” intentaron explicar los fenómenos sociales mediante analogías con el ámbito biológico. Spencer y Durkheim funcionalistas adelantados a un tiempo consideraban que la sociedad era un todo orgánico en el que los diferentes subsistemas o prácticas tienen la función de manejar la entidad mayor en la que están inmersos. Este concepto de sociedad como entidad orgánica se convirtió en un rasgo crucial del argumento funcionalista en el siglo XX.
Durkheim no precisa sus rasgos funcionalistas teniendo que encontrarlos en las Reglas del método sociológico y en la División del trabajo. En las Reglas Durkheim hizo hincapié en que cualquier explicación adecuada combina el análisis causal con el funcional. El primero explica la sucesión de los fenómenos sociales, mientras que el segundo indica por qué se mantienen las prácticas sociales partiendo de “necesidades generales del organismo social” en el que están inmersas. El análisis funcional es determinante en la distinción que Durkheim establece entre fenómenos normales y patológicos. 

Durkheim diagnostico que la “anomia” era uno de los principales problemas sociales de su tiempo. Anomia significa literalmente “ausencia de normas”. Durkheim creía que una sociedad sana depende de la institucionalización de variables principales y de directrices normativa. Sin embargo, la anomia es sólo una fase transitoria. La sociología puede ayudar a implantar los valores y reglas normativas que convienen a la sociedad moderna.




      Fundamentos de una teoría de la violencia simbólica

Todo poder de violencia simbólica, o sea, todo poder que logra imponer significaciones e imponerlas como legítimas disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica, a esas relaciones de fuerza, Rechazar este axioma que enuncia simultáneamente la autonomía y la dependencia relativas de las relaciones simbólicas respecto a las relaciones de fuerza equivaldría a negar la posibilidad de una ciencia sociológica: en efecto, considerando que todos las teorías implícita o explícitamente construidas sobre la base de axiomas diferentes conducirían o bien a situar la libertad creadora de los individuos o de los grupos al principio de la acción simbólica, considerada como autónoma respecto a sus condiciones objetivas de existencia, o bien a aniquilar la acción simbólica como tal, rechazando toda autonomía respecto a sus condiciones materiales de existencia, se puede considerar este axioma como un principio de la teoría del conocimiento sociológico. 



           De la doble arbitrariedad de la acción pedagógica 

AP esté destinada a reproducir la arbitrariedad cultural de las clases dominantes o de las clases dominadas. Dicho de otra forma, el alcance de estas proposiciones se halla definido por el hecho de que se refieren a toda formación social, entendida como sistema de relaciones de fuerza y de significados entre grupos o clases. Por ello, hemos renunciado, en los tres primeros puntos, a multiplicar los ejemplos toma dos del caso de una AP dominante de tipo escolar con el fin de evitar sugerir, ni siquiera implícitamente, una restricción de la validez de las proposiciones relativas a toda AP, Se ha reservado para su momento lógico. La AP es objetivamente una violencia simbólica, en un primer sentido, en la medida en que las relaciones de fuerza entre los grupos o las clases que constituyen una formación social son el fundamento del poder arbitrario que es la condición de la instauración de una relación de comunicación pedagógica, o sea, de la imposición y de la inculcación de una arbitrariedad cultural según un modelo arbitrario de imposición y de inculcación (educación).
Como poder simbólico, que no se reduce nunca por definición a la imposición de la fuerza, la AP sólo puede producir su efecto propio, o sea, propia mente simbólico, en tanto en cuanto que se ejerce en una relación de comunicación. Como violencia simbólica, la AP sólo puede producir su efecto propio, o sea, propiamente pedagógico, cuando se dan las condiciones sociales de la imposición y de la inculcación, o sea, las relaciones de fuerza que no están implicadas en una definición formal de la comunicación.

Teorías de la reproducción y teorías de la resistencia

 La reproducción social: la educación en el modo de producción capitalista

A fines de la década del 60’ y principios de los 70’ emergieron, principal mente en Francia y Estados Unidos, varios planteos teóricos que analizaron el papel que la escuela jugaba en la reproducción social. Los mismos se enmarcaron en un momento histórico en el que la lucha de clases se había recrudecido y, con ello, habían emergido fuertes cuestionamientos al orden social establecido1. Tiempo después, estos planteos fueron catalogados como teorías de la reproducción. Cabe aclarar que se trata de teorías sociológicas que no analizan las prácticas escolares en o por sí mismas, o lo que sucede al interior de las escuelas, sino que buscan dar cuenta del papel de la escolarización en el funcionamiento de la sociedad capitalista.
Esta reproducción de la ideología dominante tendría lugar en los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) y entre ellos 3, con un lugar privilegiado, la escuela4. A diferencia de los Aparatos Represivos del Estado, que funcionan principal mente por la fuerza y secundariamente por la ideología, éstos actúan principal mente a través de la ideología y secundariamente por la fuerza, En este sentido, en una sociedad en la que la relación social general es la explotación del proletariado por parte de la burguesía, la ideología es el sistema de ideas y representaciones, que «domina el espíritu de un hombre o un grupo social.

 Más allá de los esfuerzos de la burguesía por presentar una escuela única que contempla la libertad, la igualdad y la diversidad de talentos, ésta no hace más que reproducir la división de la sociedad en clases sociales: la burguesía y el proletariado. En cambio, forma a la burguesía en la SS para la interpretación activa como actores de esa ideología,





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